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Mitos y timos del agua I: Avionetas anti-lluvia y chemtrails

En los últimos años se ha extendido el mito de que misteriosas avionetas aparecen entre las nubes y las disuelven, evitando así que llegue la tan esperada lluvia. No se sabe por qué, quien ni como lo hace, pero eso no parecen ser razones suficientes para ponerlo en duda.

Los chemtrails

En los años 90 comenzó esta teoría de la conspiración que aseguraba que las estelas de condensación que dejan los aviones, en ocasiones duraban más tiempo del “normal”, y que esto se debía a que no eran tales estelas, sino productos químicos con los que el gobierno (de EEUU como no) fumigaba a la población para controlarla y enfermarla.

A las estelas de turbulencia se les denomina contrails (condensation trails o estelas de condensación) y por analogía a estas estelas químicas se las denominó chemtrails (chemical trails). En internet se pueden encontrar miles de fotos de estas supuestas trazas químicas y foros en los que se habla de esta supuesta conspiración.

 

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Supuestos chemtrails sobre el cielo de Frankfurt (Alemania).

También se le han atribuido propósitos como alterar el clima o evitar la lluvia, todo ello en completo secreto y a nivel mundial. Pero nadie ha aportado nunca la menor prueba sólida que pueda indicar que algo de lo relatado pueda tener visos de realidad.

Avionetas anti-lluvia

Hay agricultores, que en ciertas regiones por desgracia son muchos, que cuentan como cuando va a llover, entre las nubes aparecen o simplemente se oye el ruido de avionetas, que tras dar unas cuantas pasadas se marchan. Tras su paso, las nubes se disipan, o en lugar de llover 30 litros por metro cuadrado como los pronósticos meteorológicos predecían, caen solo 5. La conclusión les es muy lógica, las avionetas de alguna manera han disuelto la tormenta.

Parecen dos fenómenos distintos, en uno nos fumigan con aviones, en muchos casos aviones comerciales a gran altura, y en días sin nubes (a lo mejor también nos fumigan otros días pero con las nubes no los vemos). En el otro lo hacen en días nublados con riesgo de lluvia, presumiblemente para evitarla.

Pero al parecer no son tan distintos y encontramos en internet personas que ante un día con estas trazas en el cielo y en previsión de lluvias al día siguiente ya vaticinan que allí no lloverá. No hace falta que esté nublado, los chemtrails al parecer esperan a que lleguen las nubes.

Estelas de turbulencia

Todos hemos visto en el cielo como al paso de un avión a veces va dejando un rastro de vapor blanco que en ocasiones dura muy poco y en otras puede estar allí muchos minutos. En un avión a reacción estas estelas se generan de dos modos.

  1. Por los motores. Un avión a reacción se impulsa gracias a los gases emitidos en la combustión de hidrocarburos. En esta reacción química se genera principalmente CO2 y H2O, o lo que es lo mismo, agua. Obviamente a las temperaturas a la que están los gases, el agua está en forma de vapor. Si la temperatura exterior es muy baja, ese vapor de agua se condensa y cristaliza rápidamente, formando una estela de condensación que todos vemos. Si el aparato tiene cuatro motores, veremos por lo tanto cuatro estelas en el cielo.

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  1. En las alas. Se denomina condensación aerodinámica y es más difícil de ver. En la parte superior de las alas, por el efecto Bernoulli, se produce una depresión del aire, lo que produce el efecto sustentación de las alas y que los aviones puedan volar. Esta depresión repentina, por la ley de los gases perfectos, enfría el aire, y disminuye la presión de vapor de saturación de aire (cantidad máxima de vapor de agua que el aire puede almacenar). Si la humedad relativa es alta, esta depresión y enfriamiento producen la condensación del vapor de agua. Este fenómeno también puede observarse producto de los remolinos que se producen en la punta de las alas.

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Condensación aerodinámica. Foto Maarten Visser-Flickr.

Que permanezcan más o menos tiempo solo tiene que ver con factores como el viento, la temperatura y la humedad del aire.

Siembra de nubes

Los agricultores en ocasiones echan la culpa de estos fenómenos anti-lluvia al uso de compuestos como el yoduro de plata, y en este caso tienen parte de razón. Es cierto que se usa este compuesto para introducirlo en las nubes, pero no con el fin de eliminar la lluvia, sino todo lo contrario, para favorecerla. Es lo que se denomina como siembra de nubes.

Fue desarrollada en los años cuarenta por el químico y meteorólogo Vincent Schaefer. Las partículas de yoduro de plata (también se ha usado sal o hielo seco) atraen a las gotas de agua que forman las nubes, y que aún son demasiado pequeñas para precipitar, formando así cristales de hielo con peso suficiente para caer de la nube en forma de lluvia o nieve.

Para que este fenómeno se produzca, se tienen que dar las condiciones adecuadas. Se suele realizar esta práctica sobre nubes de evolución vertical que contenga agua sobreenfriada (agua líquida por debajo de 0 ᵒC).

Esta técnica no es la panacea, el agua tiene que estar presente en la atmósfera, no se puede hacer llover si no hay agua.

La “siembra” se puede hacer desde el aire con un avión, o desde tierra con cohetes o quemadores de acetona.

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Javier Rojas D. Diario El Día.

Uno de sus principales usos es evitar los daños en plantaciones por granizo. Ante el pronóstico de una tormenta con granizo, el yoduro de plata “descarga” la nube antes de que el tamaño del hielo aumente, evitando así no la lluvia, sino el daño producido.

En el mundo existen alrededor de 34 empresas que se dedican a esta siembra de nubes y alrededor de 40 países emplean estas técnicas con mayor o menor fortuna.

Existen dudas razonables sobre la rentabilidad económica de esta “siembra” para aumentar las precipitaciones. Hay datos que hablan sobre aumentos de un 10-12% de las precipitaciones, pero dado que no se puede tener otra “nube” de iguales características que sirva de control, nunca se va a poder saber exactamente qué hubiera pasado si no se hubiera sembrado.

Ejemplos de siembra de nubes

El ejemplo mediático más reciente de siembra de nubes quizá haya sido el de los Juegos Olímpicos de Pekin 2008, en los que el gobierno utilizó esta técnica para descargar las nubes que se dirigían al estadio olímpico y  evitar así que lo hiciera durante la ceremonia de apertura.

En 1986 sucedió la catástrofe nuclear de Chernóbil. Años más tarde, Rusia reconoció que había usado esta técnica para evitar que la lluvia radiactiva cayera sobre Moscú.

En España, desde 1986-2005 se usaron quemadores de acetona con yoduro de plata en Lleida, para proteger a los campos del granizo. En 2005 se detuvo esta práctica por los movimientos ciudadanos que achacaban la prolongada sequía al uso de estas técnicas, de nuevo sin ninguna base científica. En la actualidad, en Alcañiz (Teruel) y Cariñena (Zaragoza), se siguen sembrando las nubes.

Dilema ético

Surge entonces un dilema ¿es ético sembrar nubes para conseguir una precipitación en mis campos o en mi cuenca que de forma natural podría caer en una cuenca vecina? Afortunadamente las técnicas de control de la meteorología no están demasiado desarrolladas y esto aún no es un gran problema, pero cabe preguntarse si cuando hablamos de recursos hídricos de una región, aparte de lagos, ríos y acuíferos, no deberíamos empezar a mirar también al cielo.

 

*Este artículo forma parte de la serie “Mitos y timos del agua”

 

 

 

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